En un planeta que asiste a los resultados
de la aplicación de la estrategia neoliberal, los
avances de los pueblos y gobiernos de nuestra
América van en contra objetivamente de los
intereses de dominio absoluto del imperialismo.
Demuestran con su ejemplo, contradictorio,
complejo, con avances y retrocesos, que
se pueden construir alternativas al
neoliberalismo.
El fracaso, visible para las grandes masas, de
la estrategia neoliberal y el resquebrajamiento
de su forma de acumulación, han provocado
que las clases dominantes deban modificar su
forma de expresión política para procurar el
mantenimiento de su dominación y la defensa
de sus intereses. Así vemos cómo en los países
llamados «desarrollados» existe por un lado
el ascenso de la llamada «nueva derecha», sustentada
en las despolitización y fragmentación
social sembrada durante la aplicación de la
estrategia neoliberal; y por otro el maquillaje
de la cúpula de gobierno de EEUU, con una
sólo aparente apertura del yugo que el anterior
presidente mantuvo a sangre y fuego.
En nuestro continente las «soluciones» que tienen
las clases dominantes, su estrategia ante
el avance de la movilización y conciencia de
los pueblos, son claramente visibles. La opción
represiva está siempre presente. Lo demuestra
el derrotado golpe de Estado en el caso de
Venezuela, para no hablar de las amenazas en
el caso paraguayo o ecuatoriano. Así como también
el separatismo, para mantener el control
de los recursos naturales, ante la incapacidad
de derrotar al gobierno por otros medios como
es el caso de Bolivia o como en su momento
también lo intentaron en Venezuela.
La última muestra de esta táctica represiva es
el golpe de Estado en Honduras. Acción contra
un presidente electo que intentan justificar
los golpistas como una defensa de la Constitución.
Nuestro pueblo tiene la triste experiencia
de saber qué se esconde detrás de estas
justificaciones. Los civiles y militares que dieron
el golpe de Estado en el Uruguay utilizaron
también la excusa de la «defensa de la Constitución,
la Seguridad Nacional y la Patria» para
reprimir al movimiento popular y defender los
intereses de la oligarquía y el imperialismo.
Saludamos la movilización de los pueblos y la
acción de los gobiernos americanos que han
aislado políticamente a los sectores golpistas.
Obligaron incluso a que EEUU se ubique correctamente
en este marco, demostración una
vez más del cambio de correlación de fuerzas
a nivel regional.
Pero no hay que ser inocentes respecto de
EEUU. De la misma forma que negocia una
solución para el caso hondureño mantiene
como embajador en ese país a Hugo Llorens,
un especialista en terrorismo que era director
de Asuntos Andinos del Consejo Nacional
de Seguridad en el momento que se apoyó el
golpe de Estado contra Chávez. Hay que recordar
que en ese momento el subsecretario
de Estado para Asuntos Hemisféricos era Otto
Reich, cuyo nombre figura entre los que apoyaron
a los golpistas.
Este formato represivo no es el único modo
que tienen las clases dominantes para tratar
de mantener su dominio. La otra opción es el
«consenso social». Hemos visto primero en
Europa y ahora en nuestro continente, cómo
la derecha también ha sabido presentarse en
un formato en donde se ubica al margen de
la histórica división izquierda (cambio) – derecha
(mantenimiento del status quo). Se generan
nuevos dirigentes que aparecen como
«al costado» (outsiders) de los viejos aparatos
partidarios. En sus discursos tratan de ubicarse
por fuera de la lucha de clases a la que
niegan y tratan de mostrar como una concepción
perimida.
Los nuevos dirigentes no tienen problemas en
ostentar su riqueza y se muestran como el
ejemplo de las virtudes del modelo de enriquecimiento
individual. Sus propuestas en
general apuntan a temas como la seguridad,
la familia, el empleo, las inversiones y los jóvenes.
Se apoyan en la fragmentación social, el
deterioro de la información y discusión política
de la población, el control de los medios
masivos de comunicación y los propios errores
de los gobiernos progresistas. Un ejemplo
cercano para ver y analizar es el proceso y
resultado de las elecciones parlamentarias
en la Argentina.
En nuestro país el que se ha adaptado más
a este modelo es Bordaberry (Pedro, como
prefieren llamarlo), que aparece como el candidato
joven y de renovación dentro de su
partido. Lacalle, que de modo propagandístico
toma los elementos de la «nueva derecha»,
no puede ocultar su pasado muy vinculado
a la vieja derecha tradicional. Independientemente
de estas diferencias formales, los
resultados de las internas han colocado
como los candidatos a Presidente de los llamados
partidos tradicionales a los más claros
exponentes del proyecto de la clase dominante.
Los frenteamplistas hemos cometido el error
de regalarles varios meses a nuestros adversarios.
A partir de este sábado, en donde
el Plenario Nacional definirá el vicepresidente
que va a acompañar al compañero José
Mujica, nuestro FA tendrá que salir ahora a
recorrer cada uno de los lugares de nuestro
país. Trabajo que habrá de ser encabezado
por la fórmula presidencial, pero a la
vez asumida por el conjunto de la estructura
del FA, coalición y movimiento, que acompañará
por tanto este pueblo a pueblo.
Necesitamos ser capaces de difundir cada
uno de los avances de nuestro gobierno,
reconocer cuáles han sido nuestros errores
y retrasos y realizar una difusión masiva de
las propuestas concretas para seguir adelante.
No se necesita inventar nada. Nuestro
programa es el elaborado en el V Congreso
«Zelmar Michelini» y sus conclusiones son
patrimonio de cada uno de los
frenteamplistas, que las tendrán como principal
instrumento de campaña.
Nuestra campaña será indispensablemente
en ofensiva, para contraponer los dos proyectos
de país que están en juego. Hemos
demostrado que podemos gobernar y que
los «cucos» sobre la falta de inversión extranjera,
la inestabilidad laboral y la fuga de capitales,
que la derecha utilizó contraponiéndose
a nosotros en la elección pasada y que
ahora vuelve a utilizar, no condicen con la
realidad.
En el caso de Lacalle no hay que perder oportunidad
para hacer memoria sobre los resultados
de su gobierno, entre otros: reducción
y flexibilización laboral, desmantelamiento
del aparato productivo (por ejemplo las textiles),
casos de corrupción en todos los niveles
de gobierno, y los etcéteras que bien
sabemos.
En octubre se define la continuidad del proceso
de cambio o un retroceso histórico para
los intereses de nuestro pueblo. Se trata de
redoblar el esfuerzo, convencernos y convencer,
para ganar en primera vuelta. La victoria
necesita del granito de arena de cada
uno de nosotros. Porque la acumulación de
esos granitos hace dunas bien fuertes, capaces
de detener olas sobre todo cuando
cuentan con el viento popular organizado en
la dirección correcta.




